Según cuentos populares, las ramas de los sauces llorones junto con alguna lanilla y el amor y la preocupación de padres aborígenes por el miedo nocturno de sus niños era transformado tras la labor y el deseo en hermosos atrapasueños en quienes estos gurises confiaban.
Mágicamente los sueños feos desaparecían y el descanso se hacía presente.
De la misma manera, en el aquí y en el ahora el encuentro, la mirada amorosa, la creencia en el otro, el acompañamiento se entreteje y en consecuencia sucede lo inesperado: el efecto atrapasueños.