Soy Iratxe, interiorista. Pero también (y más importante), esposa-amiga-compañera de una persona con párkinson. Y aunque a veces pareciera que los interioristas estamos sólo para rellenar páginas de revistas de decoración con fotos bonitas, en mi caso mis conocimientos y mi experiencia profesional nos han ayudado y nos han facilitado nuestra convivencia diaria con la enfermedad.
Por qué tu casa es importante
Seguro que tú, como yo, has leído infinidad de artículos y libros y escuchado múltiples podcasts que nos dicen qué tenemos que hacer para que una persona con párkinson de inicio precoz (párkinson joven) se sienta mejor, mitigue los síntomas de la enfermedad y gane bienestar y calidad de vida.
Y nos dicen:
- qué ejercicio físico hacer
- los beneficios de la meditación y el mindfulness
- cómo alimentarnos para mejorar nuestra salud mental
- la necesidad de dormir adecuadamente
- lo bueno que es mantener las relaciones sociales
Pero, ¿y qué pasa con el lugar donde realizamos la mayor parte de esas actividades?
Según la OMS pasamos entre el 80% y el 90% de nuestro tiempo en espacios interiores. Y en el caso de personas con trastornos del movimiento, este espacio es, sobre todo, su propia casa.
Entonces, ¿por qué nadie nos habla de cómo nos afecta nuestra casa? ¿Por qué no prestamos atención a ese entorno en el que pasamos tanto tiempo?
Lo primero, cómo nos afecta a la forma en que nos movemos. ¿O a ti no te ha pasado que de repente tu casa es un nido de trampas y nada está en el sitio que debería? ¿Que lo que antes te encantaba y te funcionaba ahora dificulta tu vida y supone un problema adicional a todos los que ya tienes?
En segundo lugar, cómo nuestro hogar afecta a nuestra salud, tanto a nivel físico como a nivel mental y emocional, a la forma en que captamos, procesamos y asumimos la información y a los sentimientos que afloran durante estos procesos.
Precisamente éste es el objeto de estudio de la neuroarquitectura: las relaciones entre las personas y el espacio, cómo lo percibimos y cómo lo sentimos.
Qué es la neuroarquitectura
La neuroarquitectura es un área de la arquitectura que, con base en datos y evidencias científicas, analiza de forma objetiva y sistemática cómo los espacios construidos modifican nuestras emociones y nuestras capacidades.
Y ante una situación en la que las habilidades sensoriales y motoras han cambiado, y en la que el día a día es una montaña rusa de sensaciones y emociones, tener esto en cuenta puede marcar una gran diferencia en cómo vivimos nuestro día a día, en cómo sentimos nuestro hogar, y en nuestra calidad de vida.
Cada vez entendemos un poco mejor cómo funciona el cerebro (aunque bien sabéis que aún nos queda mucho por descubrir) y cada vez más estudios nos ayudan a entender por qué percibimos cada uno de nosotros los espacios de una manera única y distinta a los demás.
Cómo puede ayudarnos la neuroarquitectura
Ahora mismo estarás pensando: “No puedo abrir más frentes, tengo ya bastantes cosas en la cabeza como para preocuparme por tener que reformar mi casa”.
No te preocupes, no es necesario. La neuroarquitecrtura no requiere de acciones grandes y complejas. Puedes implementar pequeños cambios que te facilitarán mucho la vida.
Lo primero es hacer limpieza
Deshazte de todo aquello que ya no vas a usar, que ya no te representa. Ropa, muebles, tecnología, libros, figuritas que ni recuerdas de dónde salieron, … El objetivo es simplificar, hacerlo todo más fácil.
Guarda dentro de un armario ese taco de revistas que conservas como oro en paño, para que dejen de almacenar polvo. Mete todos los cables, cascos y demás dispositivos en una caja, …
El objetivo es que, a la vista, el espacio esté lo más despejado posible. Conseguirás mejorar la calidad del aire gracias a la menor acumulación de polvo, emplearás menos tiempo en limpiar y en buscar cosas y, sobre todo, tendrás menos obstáculos en la casa y reducirás el ruido visual (una de las fuentes de estrés en nuestro hogar).
Después, observa y analiza
Una vez que te has deshecho de todo lo que sobra y te has quedado únicamente con lo que realmente necesitas, toca adecuarlo a tus necesidades actuales.
¿Cómo puedes hacerlo? Obsérvate a ti mismo. Sé consciente, cuando te mueves, de qué situaciones en qué zonas de tu casa te bloquean o, por el contrario, en qué momentos te sientes mejor.
Algunas situaciones que pueden resultarte familiares y cómo resolverlas:
- “Tardo una eternidad en moverme por la casa, ¡ir del dormitorio al salón me supone 15 minutos!”
Revisa la distribución de las distintas estancias dentro de la casa para evitar los desplazamientos (yo le llamo “eficientar el movimiento”). Olvida las imposiciones culturales y las convenciones sociales y decide cuál será la función de cada habitación. Vivir, comer, trabajar o dormir pueden encontrarse en la misma estancia o muy próximos si así tú lo necesitas. - “Siento que no veo bien, que me falta luz para ver por dónde me muevo y eso me desequilibra, me genera inseguridad y me bloquea”.
Estudia la iluminación. Trata de cambiar los focos y lámparas por unas que proporcionen una iluminación más difusa, más general, pero que no deslumbren. Evitarás que se proyecten sombras que pueden ser percibidas como obstáculos y tendrás una visión clara del camino. Unos pequeños plafones con cristal traslúcido funcionan muy bien, pero recuerda siempre colocar bombillas con luz cálida (2700K – 2800K), para no alterar tu ritmo circadiano y poder dormir mejor. - “Me cuesta mucho levantarme del sofá o de la cama”.
Revisa tu mobiliario. Sofás, sillas de comedor tapizadas y colchones de firmeza alta te facilitarán incorporarte. Revisa también que la altura de estos muebles sea la adecuada para tí (¡no te dejes arrastrar por la moda de los sofás bajitos de los que luego no hay quien se levante!). - “Me encantaría salir más al campo, pero la logística (coordinar destino, ruta, transporte y alinearlo con el momento on) me resulta muy compleja”.
Aplica el diseño biofílico e incorpora la naturaleza en tu propio hogar. Múltiples estudios avalan su impacto positivo en la salud física, emocional y cognitiva de las personas disminuyendo los niveles de estrés, ansiedad, falta de concentración, tensión, ira, fatiga, confusión y alteraciones del estado de ánimo.
Algunos trucos para aplicarlo de forma sencilla son:
- Si vas a comprar un mueble, mejor que sea de madera o piedra natural.
- Fíjate también en la composición de los textiles (mantas, plaids, cojines, cortinas) y apuesta por el algodón, el lino y la lana, en colores y motivos que recuerden a la naturaleza (el verde del campo, el azul del mar, … lo que a ti te resulte más sugerente).
- Introduce alguna planta y cuadros o fotografías de paisajes para tener la naturaleza más cerca.
En definitiva, y citando a Ana Mombriedo, “(…) el bienestar doméstico es algo demasiado importante para dejárselo a los expertos; debería ser asunto de las familias y de las personas. (…) Es el uso del espacio el que te hace conocerlo y saber qué modificaciones mejorarán tu calidad de vida.”
Cada persona es única, su hogar y su forma de convivir con el párkinson de inicio precoz también lo es. Por eso te animo a experimentar personalmente las ideas que he expuesto en este post, que son, como he comentado al principio, fruto de la experiencia en mi propia casa. Espero que te sean de utilidad y muchas gracias por leer hasta aquí.
Iratxe Ojembarrena
Soy interiorista. Elegí esta profesión porque buscaba hacer la vida de las personas un poco más feliz a través de sus hogares. Hace un par de años diagnosticaron párkinson a mi marido, lo que me ha hecho profundizar en cómo nos impacta nuestra casa en la salud, física y emocionalmente, y en la búsqueda de soluciones para hacernos la vida más fácil.
- Me gusta: pasear por la playa al amanecer
- Detesto: el queso