De esta manera me presento. Natalia es mi nombre. La Terapia Ocupacional es mi pasión.
Durante mi infancia viví en Martínez en una casa antigua y bastante precaria junto a mis cuatro hermanos mis papas y mis abuelos. No tenía ni televisión, ni tablet, ni celular. Pasaba las tardes en la casa de mi tía Tota, hermana de mi abuela, confeccionando ropa para las muñecas y tejiendo a crochet.
Siempre fui muy inquieta, andaba en patines, en bicicleta y amaba ir a ver las comparsas cuando llegaba el verano.
La solidaridad, el respeto y el amor por el trabajo es la herencia que me dejó mi papá y que agradezco enormemente.
Lo cierto es que todo lo que se entretejió en mi niñez, la solidaridad, el placer por el hacer, el amor por la labor, colaboraron en la elección de mi profesión.
Así fue como, sin mucho conocimiento acerca de ella, inicié mis estudios a los 18 años en la UBA (Universidad de Buenos Aires, Argentina).
Luego del CBC*, todavía sin mucha información, a los 20 años comencé con dificultades de salud. Los síntomas eran progresivos, nadie sabía qué estaba pasando, mi desempeño ocupacional comenzar a afectarse. Los días, meses y años pasaron y cada vez me sentía más limitada, mis habilidades eran casi imperceptibles, el desequilibrio ocupacional estaba apareciendo. El malestar desorganizaba mis rutinas.
Si bien tuve muchos momentos de debilidad, también tuve muchos momentos de fortaleza donde lograba recuperar mi identidad, armar estrategias y adaptar mis actividades para continuar con mi vida. Así fue como grababa las clases, rendía los exámenes de manera oral, intentaba afrontar la situación que me tocaba vivir aceptando convivir con la tristeza, el miedo, la esperanza y la alegría.
Busqué un diagnóstico durante 10 años. Finalmente lo encontré, ese fue uno de los días más felices de mi vida: sabía el nombre de mi malestar.
Por lo tanto, comencé con un tratamiento que me permitió volver a bailar, a tejer al crochet y a recibirme al siguiente año.
Licenciada en Terapia Ocupacional. Un sueño más era atrapado.
Siempre trabajé en el área de discapacidad. Al comienzo con adultos y adolescentes, luego con niños en el área de oncología infantil, redescubriendo al juego como herramienta súper poderosa que permite que todo absolutamente todo pueda ser posible.
Golpeé la puerta de su habitación, me presenté y pregunté a la niña si quería jugar conmigo. Ella asintió con su cabeza.
Esa tarde la conexión entre ambas provocó que el respeto diera lugar a la posibilidad de confiar y, en consecuencia, la expresión de emociones logra hacer su debut.
No habló durante toda la tarde. El juego se encargó de hacer su parte…
Muy pronto los gritos convertidos en canción compartieron su enojo y sus miedos…
En la actualidad continúo trabajando en infanto-juvenil con pluripatología, orientando a los papás, colaborando con los colegios y docentes.
Muchas veces me pregunto por qué un niño con discapacidad, por qué oncología infantil. Sospecho que es donde me puedo sentir comprendida y puedo comprender a los demás tal cual es su dolor. Sospecho que el juego nos ayuda a transitar por este camino tan doloroso. Sospecho que nuestros sueños no están tan lejos y pueden ser alcanzados. Sospecho que es necesario disfrutar del aquí y el ahora porque no sabemos qué pasará mañana.
Un profesional con discapacidad trabajando en el área discapacidad.
Tuve la mala suerte, la desdicha o como cada una quiera llamarlo de conocer el dolor, la rigidez, el querer hacer y no poder muy de cerca. Pero fue necesario pasar por todas estas circunstancias para que hoy pueda ver a mis pacientes desde otro lugar, valorar sus habilidades apostando siempre a lograr un poquito más.
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) de la ONU, recogida por la ley 26.378 de Argentina, reconoce el derecho de las personas con discapacidad a trabajar en el empleo que elijan. Prohíbe la discriminación por motivos de discapacidad en el empleo. También obliga a los Estados a asegurar que las personas con discapacidad reciban el mismo salario y las mismas condiciones de trabajo que los demás.
Lamentablemente, lo expuesto en la convención no es llevado a la práctica, y existen muchas personas con discapacidad sin la posibilidad de adquirir su autonomía económica.
La discapacidad (en muchas ocasiones) empaña al sujeto quitándole la posibilidad y el derecho de ser partes de la sociedad productiva.
Si bien tenemos un estado que cubre los medicamentos al 100%, que brindan prestaciones a 100%, aún falta mucho por hacer. Muchos sueños aún quedan sin atrapar, muchas preguntas aún quedan sin respuesta. ¿Cuál es el futuro económico de una persona con discapacidad? ¿Cuál es el futuro económico de un profesional que tiene discapacidad? Esto es algo que me abruma, me desvela, me incita a continuar creando nuevos proyectos posibles de ser realizados a pesar de que una parte de mí ya no funcione.
No quiero ser pesimista, solo soy realista, ¿existe alguna entidad que valora al ser por su saber y no por su producción física? Si esto es así por favor hágamelo saber, un sueño más sería atrapado.
Lic. Nati de la Paz
Terapista Ocupacional. Arteterapeuta
* En Argentina, el CBC (Ciclo Básico Común) es el primer año obligatorio y fundamental para todas las carreras de la Universidad de Buenos Aires.
Natalia de la Paz Martín
Tengo 47 años me gusta mucho pasar las tardes jugando a juegos de mesa y tejiendo al crochet. Vivo en Buenos Aires en una casa con un hermoso jardín junto a mi compañero de aventuras. Estoy convencida que los sueños se cumplen cuando los deseamos con Amor.
- Me gusta: disfrutar las tardes de verano al aire libre
- Detesto: las películas de terror